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martes, 13 de noviembre de 2012

Perdiendo también se gana

¿Quién no ha perdido alguna vez mientras intenta alcanzar una meta? Todos, es la respuesta. Si para nosotros los adultos es frustrante, para un niño lo es más.

Les cuento que mi hija se inscribió en un equipo de fútbol desde el pasado mes de agosto y era la primera vez en su vida que pateaba un balón. Pero eso no era impedimento. Tampoco lo era para los demás miembros del equipo. Ninguno había jugado al fútbol alguna vez.

El equipo se inscribió en la Liga Metropolitana y se enfrentó a equipos formados hace años, con chicos y chicas que juegan desde muy pequeñitos, así que ya se imaginan, comenzaron el torneo perdiendo todos los partidos.

Cada vez se les veía más decepcionados, frustrados.

Un día, al finalizar el partido ─sí, volvieron a perder─ la Chiqui se sentó en el campo y se echó a llorar. De inmediato salí corriendo, me acerqué y le pregunté:

©2012-Carlos Torres

─¿Qué te pasa mi amor?─

─No es justo─ contestó.

─¿Qué no es justo?─ le pregunté.

─Que siempre perdemos. Ya estoy cansada de perder. Quiero ganar aunque sea un juego.─

─Lo sé. No es fácil. Pero tienes que ver que ustedes son un equipo nuevo, que nunca habían jugado este deporte y que están jugando con chicos y chicas que los aventajan en experiencia y en edad. Tu equipo está compuesto por niños y niñas que en su mayoría tienen nueve años, cuando la categoría es de once.─

─Somos unos loosers─ me dijo con sentimiento.

Hasta ahí llegamos. No iba a permitir que usara esas palabras y mucho menos que se las creyera. Así que de inmediato me vino a la mente unas palabras que alguna vez leí en el libro Actitud de vencedor, de John Maxwell y se las repetí.

─Mira Chiqui, el fracaso no significa que eres una fracasada; significa que todavía no has triunfado. Hay que seguir intentando.

El fracaso no significa que no has logrado nada; significa que has aprendido algo.

El fracaso no significa que eres inferior; significa que no eres perfecta.

El fracaso no siginifica que has perdido el tiempo; significa que tienes una excusa para comenzar otra vez y todas las veces que sea necesario.

El fracaso no significa que debes darte por vencida; significa que debes tratar con más fuerzas.

Y por último, el fracaso no siginifica que nunca lo lograrás; significa que debes tener paciencia─

Acto seguido, levantó la vista y con sus ojitos aún mojados por las lágrimas, me regaló una bella sonrisa.

─¿Cómo te sientes ahora?─ le pregunté.

─Mucho mejor. Me siento como una ganadora.─
©2012-Carlos Torres
Actitud de ganadora
─Essso esss. Dame cinco─ mientras chocamos las palmas.

El milagro ocurrió en el juego siguiente. Al parecer la Chiqui inyectó a sus compañeros con una dosis de positivismo y rompieron la mala racha. Al final del torneo se alzaron con la victoria en tres ocasiones. Para mí, son unos campeones.

¿Qué aprendí de esto?
Hay que estar siempre para los hijos. Son en los momentos difíciles cuando más nos necesitan y debemos estar allí para abrazarlos, apoyarlos y levantarles el ánimo. En fín, que todos los que alguna vez lograron algo, primero tuvieron una cadena de fracasos. Que nada nos haga retroceder.

martes, 23 de octubre de 2012

10 cosas que jamás le diré a mi hijo adolescente


El otro día, viendo la película Yes Man, me puse a pensar en como sería si yo me convirtiera en un Yes Dad y complaciera a mi hijo en todo lo que pidiera, ahora que ha entrado a la adolescencia. Siempre hay quien piensa que hay que darles lo que a nosotros nos faltó. Pero cuidado, eso puede tener un alto precio. Muchos podemos tener las mejores intenciones, pero podemos terminar malcriando a nuestros hijos.
  
A continuación les presento un listado de las diez cosas que jamás le diría a mi hijo, espero no aflojar rodillas.



1-     Aquí tienes mi tarjeta de crédito con límite de $50 mil. Úsala a tu antojo.
2-     Que tienes un “party” de tu clase! Claro que puedes ir. Es más, me llamas como a las 6 de la mañana y voy y te recojo.
3-     ¿Quieres un teléfono? Te compro el iPhone 5© con un plan de data ilimitada, llamadas internacionales y mensajes de textos ilimitados.
4-     ¿Que te quieres hacer un tatuaje? Suuuper cool. Vamos juntos y nos lo hacemos.
5-     Me voy de viaje con tu Madre. Te quedas solito y  si quieres puedes hacer una fiesta. Te contrato una banda.
6-     Que no quieres ir a la Universidad y hacerte de una carrera para ganarte la vida? Relax, quédate a vivir con nosotros y te cubro tus gastos.
7-     ¿No quieres limpiar tu cuarto? Tranquilo, te contrato una ama de llaves.
8-     ¿Necesitas vacaciones? Te vas para Europa con gastos pagos y de paso te llevas a dos de tus mejores amigos.
9-     ¿Aburrido del menú de tu Madre? Te contrato un chef personal para que complazca cada uno de tus caprichos.
10- ¿Que quieres unos tennis Nike© de $150 dólares? Te compro tres pares para que los alternes.



Como ven, todo tiene un límite. Estoy claro que hay cosas de esta lista que mi hijo llegará a hacer, pero será cuando sea adulto. Mientras viva bajo mi techo, “my rules”.

¿Y tú, qué añadirías a este listado? 

 
 

 
 

 
 

 
 

 
 

martes, 11 de septiembre de 2012

El Niágara en bicicleta


¿Quién no se acuerda cuando aprendió a correr bicicleta sin las rueditas de atrás? ¿Recuerdas que estabas asustado? ¿Recuerdas a tu Padre gritándote “¡Pedalea, pedalea!”? Pues ahora es mi turno de enseñar.

Para unas Navidades, mis hijos pidieron bicicletas y las recibieron. Yo, como todo padre, comencé la tarea de enseñarles, pero mi viejo nunca me dijo que era tan difícil. Así que decidí volver a instalar las famosas rueditas.
Un día, mi hijo salió a correr su bici -aún con las rueditas de atrás- y a los pocos minutos regresó furioso.

─Estúpida bicicleta─gritó.
─¿Qué pasó?─le pregunté.
─Esos niños me dijeron que me veo tonto con las rueditas. Ya no quiero correr más bicicleta─reaccionó.

Fue tan serio el asunto para él, que estuvo dos años si volver a intentarlo.

En todo ese tiempo, insistí y lo motivé pero no tuve éxito.

Confieso que me sentí frustrado. Pensé que había fallado como padre en enseñarle algo tan básico.

Luego, durante este verano, la Chiqui se motivó y lo logramos. Salió corriendo su bicicleta en dos o tres días. Su hermano agarró su bici y  finalmente decidió intentarlo. Yo, ni corto ni perezoso, comencé con mi special project.

Luego de haber trotado el equivalente al maratón de Nueva York -sin rebajar ni una onza de mi panza- con la espalda doblada -aún me duele- y agarrando su asiento por la parte de atrás, finalmente lo logró.

Todo era cuestión de tiempo y paciencia.

Les comparto el video de tan maravilloso momento.
 

 




lunes, 6 de agosto de 2012

Te regalo un cuento


Hay un refrán que dice: “hijo de gato, caza ratón”. Con esto les quiero decir que cuando los hijos nos ven hacer cosas, nos quieren imitar. Un ejemplo de esto es que la Chiqui me ha visto escribiendo y ella también se ha interesado en escribir. La diferencia es que yo no soy escritor, sino más bien un narrador de los eventos de mis hijos. Ella en cambio, sí es una escritora porque todo lo que escribe es producto de su imaginación, y eso no es fácil.


Otra cosa que ha empezado a imitar es hacer obras de caridad, ya que su madre se involucra en muchos proyectos de esta índole (shhhh, que mi esposa no se entere porque no le gusta que nadie sepa que lo hace). Un ejemplo de esto sucedió el pasado 21 de julio de 2012 en el Hospital de Niños San Jorge.


Allí nos dimos cita por invitación de  una organización sin fines de lucro llamada Un rayito de sol en tu habitación para entregar una mochila, que en su interior tuviese artículos escolares, a los pacientes del piso de oncología. Mi esposa y una compañera de trabajo prepararon  una y fuimos a entregarla.

Nos acomodamos junto a la mesa y cuando venían los niños les entregábamos la que más les gustara.


De repente, llega este angelito en brazos de su padre. Una niña de algunos cuatro años, con los ojos más hermosos que he visto y con una mirada tierna. Buscaba entre las mochilas y al fin encontró la que le gustaba.


En ese instante noté que mi hija buscaba algo en su cartera. De ella sacó unos papeles y se dirigió al padre de la niña:


─Permiso, ¿le puedo regalar un cuento a su hija?, preguntó.

─Claro, dijo él.


Es aquí que se me formó un nudo en la garganta y me emocioné muchísimo. La Chiqui se desprendió de uno de sus cuentos para regalárselo a aquella pequeña.


Le entrega el cuento a la niña y le dice:

©2012-Carlos Torres

─Dile a papá que te lo lea cuando te sientas un poquito mal para que te alegre.


Luego se acerca al padre y le dice:


─Por favor, léaselo para que se sienta mejor.

─Así lo haré, no te preocupes.


Yo, al ser testigo de aquello, no me pude sentir más orgulloso de mi hija.


De regreso a casa vamos hablando de la actividad y de repente la nena me pregunta:


─Papi, ¿Cuál es tu propósito en la vida?


Uff, que fuerte la preguntita. Demasiado profunda para una niña de su edad.


─Ehh, pues pienso que protegerlos, amarlos, darles una buena educación y muchas cosas más. ¿Y el tuyo, cuál es?, le pregunté.


─Ser feliz y hacer feliz a los demás.


Wow, y bien que sí. Acababa de darme el mejor ejemplo al regalarle un cuento a aquel angelito, que lo recibió con una enorme sonrisa.


¿Qué aprendí de esto?


Lo que sembramos es lo que cosechamos. Sigamos siendo buen ejemplo para nuestros hijos y de seguro las cosas mejorarán.





martes, 3 de abril de 2012

Papá, ¿qué es Dios?


Una tarde pasé a recoger a mi hija al colegio. Le pregunté cómo había pasado el día, qué almorzó y cómo le había ido con los dos exámenes que tuvo ese día. Me contó que su día fue bueno y que obtuvo “A” en las dos pruebas.

Se queda cayada un ratito y de repente interrumpe el silencio con una de sus famosas preguntas. Esas que me ponen a pensar.

            ─”Papi, ¿qué es Dios?
            ─”Bueno, Dios es nuestro padre. El que lo creó todo”
            ─”Nooo papi. Te pregunté qué, no quién”.

Ajá, se fastidió el hijo de Ita. Qué clase de pregunta es esa a las cinco de la tarde cuando uno sale de trabajar con la mente fundida. Pero como siempre digo, mejor intentar dar una respuesta que quedarse callado.

            ─”Bueno mi amor. Dios es un ser Supremo. Está en todas partes. Es energía...

Aquí hago una pausa a mi explicación porque al observar por el espejo retrovisor, noto en su rostro una expresión de confusión. Como,¿ de qué rayos habla este?.

Entendí inmediatamente que me había metido en un callejón sin salida y que me había puesto muy filosófico con el asunto y le dije:

            ─”¿Qué pasó mamita?, ¿No entendiste?”.
         ─”Papá, no entendí nada de lo que dijiste pero yo sé la respuesta. Solo quería saber si tú sabías. Toma, esto lo hice en el colegio y tiene la respuesta de lo que te pregunté.”
  
© 2012 - Carlos Torres

 ¡Wow! Qué gran lección me ha dado mi hija. ¡Dios es amor!

¿Qué aprendí de esto?

A veces nos complicamos queriendo dar una explicación, cuando en realidad es más simple de lo que pensamos. Esta vez no fui yo quien tenía la respuesta, sino una niña de 8 años de una manera simple y perfecta.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

"Un pavo muerto"




Hoy fue la carrera del pavo en la escuela de mi hijo. Yo estaba más nervioso que él, y me explico. Desde que el chico estaba en kinder, todos los años llegaba en segundo lugar y eso no es nada malo, pero hay veces que los niños no entienden eso. 

Hace tres años llegó como siempre en segundo lugar, pero en esa ocasión estalló en un coraje que no había quién se le acercara. Rompió en llanto y estaba inconsolable. Gritaba que no era justo, que él quería ganar. Ya para el año pasado comencé a darle “terapia” diciéndole que lo importante era que pasara un buen rato con sus amigos y que si no ganaba no pasaba nada. Pues adivinen que! Sí, volvió a quedar segundo, pero esta vez la terapia funcionó. El chico estaba contento y pasamos un buen rato. ¿Ahora entienden porque estaba nervioso? Lo estaba porque se me olvidó darle “terapia” por si las moscas quedaba segundo oooootra vez. 

Bueno, llegó el momento. Eran las 8:30am. Se pusieron en la línea de partida. Sonó el silbato y salieron corriendo como centellas. De lo nervioso que estaba,  olvidé echarle porras, pero de eso se encargó su mamá, sus maestras y sus amigos. 

Cuando alcanzo a ver que se acercan a la meta, noté que venía en…sí, adivinaron, segundo lugar. De repente sacó fuerzas y logró rebasar a su compañero para quedar (por fin, corazón, por fin) en primer lugar. Woo-hooooo!, me entró una emoción entre cuero y carne que parecía un perro con dos rabos. Pero él estaba más feliz que todos. Al fín alcanzaba lo que le habían estado arrebatando por tantos años: el primer lugar. ¡La Gloria!. 

Nada, les cuento que cuando terminó todo, nos fuimos y me pidió el teléfono. Comenzó a llamar a sus tíos y a su abuela. Con esta última tuvo la siguiente conversación: “Abuela, adivina qué. Corrí la carrera del pavo y llegué primero” . Su abuelita -muy contenta-  le preguntó; “¿Y qué te ganaste?” a lo que y él le contesta, “Una cinta de primer lugar y UN PAVO MUERTO” . Me provocó una carcajada que hasta  mami se contagió. Fue simplemente genial. 


¿Qué aprendimos de ésto?

Aprendimos que nunca nos debemos rendir. Si queremos algo, puede que tardemos en conseguirlo pero si no renunciamos a nuestras metas tarde o temprano las alcanzaremos.

¡Felicidades PAPITO, eres el mejor!